Casi todos los equipos que adoptan IA sienten el mismo subidón: el código sale volando. Y casi todos chocan con la misma pared unas semanas después — los Pull Requests se acumulan, las revisiones se eternizan y aparecen bugs donde antes no había.
La velocidad individual no es la velocidad del sistema
Los números de Faros AI lo muestran sin ambigüedad. Con IA, cada desarrollador completa +21% más tareas y fusiona +98% más Pull Requests. Suena a victoria — hasta que miras el otro lado: cada PR llega +154% más grande, tarda +91% más en revisarse y trae +9% más bugs por persona.
La IA optimizó una parte del proceso — escribir — y desbordó todas las demás. A nivel de industria, DORA 2024 lo confirma: la estabilidad de la entrega cayó 7,2%. Y un estudio de METR en 2025 encontró algo aún más incómodo: desarrolladores expertos fueron 19% más lentos usando IA… mientras creían que iban 20% más rápido.
La IA no crea velocidad. Mueve el cuello de botella — salvo que rediseñes el flujo completo.
Por qué ocurre
Por dos razones. Primero, porque medimos lo que se ve —líneas, commits, PRs— y no lo que importa: el flujo de principio a fin y la estabilidad en producción. Segundo, porque le pedimos a la IA que escriba mucho, sin darle el contexto para escribir bien: un PR enorme y ambiguo es difícil de revisar lo escriba quien lo escriba.
Medimos el flujo, no la velocidad de una persona
Nuestros tableros muestran en vivo la curva-S de avance, las HH reales y el estado de cada historia — para ver dónde se traba el sistema, no solo cuánto código se produjo.
Y atacamos la causa: cuando el PR nace acotado desde una especificación clara, se revisa rápido y trae menos sorpresas. Menos tamaño, menos tiempo de revisión, menos bugs. Eso es acelerar de verdad.